En los lienzos de Carbonell…

Publicaciones Por on septiembre 10, 2012 en Textos y entrevistas | 0 comentarios

En los lienzos de Carbonell estamos todos en todos nuestros tiempos

Estamos todos apenas separados por unos cuantos metros de tela en los que el artista ha sido capaz de congregar las imágenes intemporales de rostros que tienen en común la expresión viva de nuestras propias soledades.  Por esto, para mirar la pintura de Santiago Carbonell lo más recomendable es el silencio, porque de esta manera podremos oír con mayor nitidez las voces de nuestro mundo interior.

Reconocidos profesionales de la critica pictórica, al explorar por los intricados caminos recorridos por este artista notable, nos muestran que en pleno siglo  XXI  Carbonell  ha  hecho  suyos  a  los  clásicos;  ha recuperado y transformado paletas que se creía habían pasado al olvido, enriqueciendo con su oficio los lenguajes pictóricos puestos al servicio de su indeclinable posición contemporánea. Así, merecedor absoluto de este esfuerzo intelectual, los estudiosos de la obra de Santiago analizan su técnica, interpretan su pensamiento revisando minuciosamente los caminos de la luz que transita los   complejos planos de sus composiciones plásticas, lo emparentan con Caravaggio, Velásquez entre otros. El afán por descubrir sus influencias, para concluir que su obra es rotundamente innovadora. Las referencias bibliográficas sobre Carbonell y su trabajo son muchas y todas ilustrativas y aleccionadoras.

Pero por encima de la reflexión critica de los especialistas están las emociones que suscitan los cuadros de Santiago Carbonell en quienes recorremos sus exposiciones, sin mas dotación que la vocación por lo bello, que el permanentemente interés y curiosidad por el trabajo de este creador que mas allá de su perfección, con generosa esplendidez abre las puertas de su emoción para dar paso a un dialogo en el que intervienen los rostros de personajes que reflejan todas mis pasiones, tus pasiones, nuestras pasiones . Otean en el horizonte la luz que viene.

Voltean las miradas y esconden la vergüenza, apenas descubierta al otro día del “mordisco de la manzana”. Elevan la mirada en el olvido de la desesperanza. Descansan los ojos en el recuerdo de la tranquilidad recuperada, después del desorden de la noche anterior.  Ensombrece la mirada del fatigado o acrecenta nuestra resignación la mirada del hombre curtido por el tiempo. Conviven personajes en una escena que convoca todos los tiempos. Ahí, pues, estamos todos.

Eduardo Morales
México, D,F., Mayo de 2007