Oficio, misticismo y amor por la belleza

Publicaciones Por on septiembre 10, 2012 en Textos y entrevistas | 0 comentarios

Fragmentos del texto “La persistencia de la pintura”

Oficio, misticismo y amor por la belleza

EN LA DÉCADA DE LOS AÑOS SESENTA FRANCISCO FRANCO GOBERNABA

España con el máxima rigor de la derecha. Para ese entonces la economía española se había recuperado de la destrucción provocada par la guerra civil del 39 y la devastación de la Segunda Guerra Mundial, gracias a las aportaciones estadounidenses par el uso del suelo para sus bases militares -que aún operan en España-, a las remesas de los emigrantes que contrataban su mano de obra en otros países europeos y, sobre todo, al turismo. Este crecimiento fue acompañado de cierta apertura política. En esos años se promulgaron las leyes de prensa e imprenta, se abri1a libertad religiosa, y se aceptó1a designación del príncipe Juan Carlos de Borbón como sucesor del jefe de Estado, quien tomaría el cargo a titulo de rey. La ley igualmente preveía la separación de los cargos de jefe de Gobierno y presidente del país. No obstante este notoria crecimiento, el desarrollo era moderado en comparaci6n con el de otras potencias europeas. Con la muerte del dictador, se rompió la caja de cristal que “protegía” a los españoles de los “malos caminos”, de las malas influencias. EI entonces príncipe fue proclamado rey, bajo el titulo de Juan Carlos I. Este confió el gobierno a Adolfo Suárez, quien planteó una reforma política que proponía un régimen similar al de las monarquías democráticas europeas. Paso seguido, invitó a la formación de los partidos políticos, y en 1977 el partido de Suárez, Uni6n de Centro Democrático obtiene el triunfo. Adolfo Suárez encabezó el primer Gobierno Constitucional de España. Santiago Carbonell forma parte de la generación que fue testigo de ese gran cambia que experimentó España: de la dictadura franquista a la democracia. De madre ecuatoriana y padre español, nuestro pintar nació en la ciudad de Quito en el ana 1960. Al poco tiempo su familia se trasladó a vivir a Barcelona, en donde adquirió la nacionalidad española. Santiago es el tercero de una familia integrada par cuatro hermanos. Todos ellos vivieron ese periodo de transformación que formó a jóvenes cuya mentalidad pudo abrirse a otros horizontes, plantearse nuevas inquietudes y tener un criterio propio. La infancia de Santiago transcurrió sin limitaciones, entre los cuadernos y el goce de las aventuras y el regocijo de los juegos, alejados de aquella zozobra y malos recuerdos de lo que sus padres vivieron en la posguerra. Se advierte en su semblante esa felicidad que se ha acumulado a través de los años. Santiago es un hombre atractivo, fuerte y de buena estatura, que en este momento goza de esa jovial madurez que se alcanza al cruzar la frontera de los cuarenta años. Su sonrisa es franca, y su mirada suave pero directa. Es un conversador ameno e inteligente. Debo decir que de su presencia emana esa paz de quien no se mete

en conflictos innecesarios, que puede existir dejando que los demás existan con sus ideas, pero que a la vez respeta y se interesa par los demás. Su carácter es tenaz y decidido; le gusta hacer las casas a su manera, esquivando las interferencias. En su entorno se respira esa “joie de vivre” que proviene desde dentro. Carbonell es un sibarita, en toda la extensión de la palabra, abarcando en ella a los grandes placeres del alma. Hace mas de quince años que conozco la obra de Santiago Carbonell, y desde entonces le he seguido la huella. Su pintura despertó en mí el interés de conocerlo y así conversar con ese pintar atrevido, que irrumpía en la vanguardia plástica de mediados de los años ochenta con una pintura hiperrealista, justa mente en la etapa del gran auge de lo abstracto. Deseaba descubrir al creador de aquellos cuadros virtuosos y enigmáticos. Tenia curiosidad par saber que había sido lo que le hizo escoger a México como el sitio donde se quedaría a vivir. Bueno, pues al cabo del tiempo heme allí entre las paredes de su estudio, en un mediodía cálido del pasado mes de febrero. Su estudio es grande; abarca un espacio que estimo entre ciento veinte y ciento cincuenta metros cuadrados, con un techo de doble altura. Es una estancia luminosa, ordenada, y muy bien equipada con modernos muebles de madera con cajones largos. En ellos se visualizaba una gran cantidad de tubos de pinturas de todos colores, lápices, pinceles y materiales diversos, guardados uno después de otro. La vista que ofrecen sus grandes ventanales se extiende hacia los espaciosos jardines comunes del lugar donde vive. Pues bien, en dos cómodos sillones frente a esa gran vista nos hemos sentado a conversar.

Santiago, cómo te sorprendió el interés por la pintura? “Cuando niño, mi inquietud no se manifestaba tanto hacia la pintura, se inclinaba mas hacia el deseo par decir cosas. Era un niño inquieto, muy travieso, y me gustaba externar a los demás la curiosidad que me provocaban tantas casas. También me gustaba compartir las conclusiones y experiencias que me dejaba satisfacer mi curiosidad. El que yo me dedique a la pintura, realmente se debe a una necesidad de expresar”. En su temprana juventud Santiago hizo teatro, pero en realidad todas las expresiones artísticas le llamaban la atención. Sin embargo, llegó un momento en el que tuvo que elegir el camino que deberá tomar. Yen sus reflexiones encontró que la mejor manera en que se expresaba era pintando. Así se lo comunicó a su padre. Este no se opuso, por el contrario, le mandó construir un pequeño estudio en la casa. El apoyo que recibió en su casa fue abierto; no obstante, junto con este, su padre le hizo saber sus exigencias. Le pedía trabajar un mínima de diez horas diarias, como lo haría cualquier estudiante de universidad. Y, como sabía que a esa edad las tardes eran para correr la farra con los amigos, le imponía empezar a trabajar entre las siete y ocho de la mañana hasta las seis de la tarde. Santiago comenta que su padre le decía: “Si vas a ser pintor, bueno, pues vas a ser un pintor serio”, y agrega: “Considero a mis padres personas muy sabias, que supieron entenderme y a la vez encausarme”. Y, con esa expresión espontánea y alegre, comenta: “Debo decirte que nunca he sido un pintar serio”. Su entonación desenmascara que se refiere a su temperamento, no a su formalidad y compromiso como pintor. En aquellos años nos dábamos nuestras grandes escapadas. En esa época me lleve con un grupo de pintores, y vivíamos una bohemia muy bonita, muy intensa. Pero algunos llevaban las casas al extrema. En esos escapes también viví cosas muy crueles, como perder a muchos amigos en la droga y el sida. Los perdí porque se murieron en ello. Nos pegó el franquismo en la infancia, pero el destape también nos golpeó con fuerza. Todo ello me hila recapacitar acerca de la vida bohemia que llevábamos, y de l0 que realmente quería hacer con mi vida. Me di cuenta de que tenía que salir de aquel ambiente que me permitía todo. Y es que, desde aquella edad, a los diecisiete años, yo me ganaba la vida con mis pinturas, y eso me daba una gran libertad, pues no tenia que depender de nadie”. Con todo y todo Santiago lograba cumplir con el padre. Se había puesto a trabajar por su cuenta, leyendo, investigando y experimentando, primero en el dibujo, después en las telas. Fue en ese estudio en tu casa donde aprendiste a pintar? ¿Cual fue tu camino de aprendizaje? “Mira, yo soy un pintor autodidacta. En aquellos años me metía a la escuela de arte porque me gane una beca. Estuve un tiempo allí pero el mismo director un día me dijo: -Mira, tu no tienes mucho que hacer aquí. Si deseas usar las instalaciones, aprovéchalo. Viaja. Bueno, haz lo que quieras, que ya conoces tu camino y tienes suficiente experiencia como para saber que es lo que tienes que hacer. Así que adelante-. Fue en ese momento cuando decidí sentar cabeza. Bueno, sin sentarla demasiado”. En aquellos años en Barcelona la corriente que prevalecía era el informalismo. Tapies era el gran ídolo de todos los pintores jóvenes que de alguna manera deseaban participar de esa pintura matérica, llena de empastes y texturas, del tachismo (pintura que emplea tachaduras), la pintura del accidente, el collage. EI “dripping” de Pollock era una técnica súper académica. Lo que se enseriaba era una técnica al óleo que estaba en franca decadencia. Realmente no había buenos maestros que pudieran transmitirla todos ellos estaban inmersos en la experimentación. Los jóvenes que participaban en las nuevas corrientes seguían fielmente a sus iniciadores. Sentían que en sus trabajos vanguardistas se encontraba el todo de la pintura. Par lo general, la euforia de verse asociadas con el éxito de sus maestros les orillaba a negarse la oportunidad de visualizar otras opciones. Y es que, con la consideración de que “hoy es la única verdad valedera, el pasado es obsoleto e inadecuado y el futuro alga incierto”, la juventud puede llegar a asfixiarse, atrapándose en el tiempo, perdiendo dimensión. No obstante ese entorno eufórico y desbordado, Santiago tuvo el temple para ampliar su horizonte, interesándose en la historia del arte universal. Con este sustento, logro afianzar las expectativas de su carrera en la pintura figurativa trabajada al6leo, es decir, en la pintura realista. Cabe mencionar que en aquellos años, en media del fuerte remolino de las vanguardias, existían en España algunos pintores realistas de gran renombre, como Antonio López García, quien había motivado en su estilo a una generación de jóvenes, como Miguel Arguello, que antecedieron con sus trabajos a Carbonell. También durante la época de los años setenta había pasado par España el gran pintar realista chilena Claudio Bravo, cuyo nombre en la Península Ibérica y en otros países se asociaba desde esos años con el calificativo de genio. No obstante estas referencias, los jóvenes que deseaban pintar el realismo se encontraban muy limitados par la falta de buenos maestros. Quien se aventuraba a ella, en ocasiones lo hacia con una técnica muy pobre, llena de trucos y artificios. AI afrontar su decisión hacia el realismo, Carbonell no solo se invitó a definir su terreno expresivo, sino también a asumir el compromiso de ser un pintar, entendiendo desde entonces que ello implicaba la dedicación de largas jornadas de trabajo. Así pues, su taller y sus cuadros le robaron a su juventud horas de sueno y esfuerzo. Trabajo solo, resolviendo incógnitas, ensayando, experimentando, buscando comprender los secretos de la pintura de los grandes maestros del pasado, aquellos del Renacimiento y a los pintores del realismo español. Al mismo tiempo quiso entender a los creadores de la pintura moderna: los expresionistas, los cubistas, los surrealistas y también la gran pintura abstracta. Para hacerlo, se involucró en cada una de estas corrientes. Pintó el cubismo; hizo obras surrealistas, engolosinándose con ese gran dibujo con el que Dalí representaba sus objetos y a sus personajes. Sin embargo, no llegó a identificarse tanto con esa exaltada irrealidad que parecía envolver los trabajos del gran surrealista español. En ese período Carbonell también pintó cuadros abstractos, y así logró comprender su estructura y sus principios. En la actualidad lo sigue haciendo, a manera de ejercicio, como un desfogue. Pero estas experiencias confirmaron aun mas su decisión par la pintura realista. En aquellos años estudió a Rembrandt, Caravaggio, a Turner, Vermeer, Velazquez, Goya, tanto en los libros como en los museos, descubriendo en ello importantes lecciones, las cuales le fueron revelando los secretos de esa gran pintura. Después de cuatro o cinco anos de arduo trabajo y exigencia, los cuadros de Carbonell llegaron a reflejar los atributos de la buena pintura, y entre una cosa y otra las galerías españolas empezaron a manifestar interés par ellos. Estas pinturas, reveladoras de un buen oficio, también encontraron propuestas en otros lugares fuera de España. En 1985 Carbonell fue invitado a presentar dos exposiciones individuales en la ciudad de Quito, en Ecuador: la primera en el Centro Español y la segunda, en la Galería Sosa-Nesle. EI siguiente ano obtuvo la propuesta para exponer de manera individual en la Dubose-Rein Galleries, en Houston, Texas. Pero, aunada alas exposiciones, existía otra inquietud que motivaba a Santiago a salir de España, y sobre ello comenta: “…Bueno, una de las razones por las que salí de España fue porque en esa época tenía que hacer el servicio militar, y yo realmente soy un objetor de conciencia. Esto de las guerras, el militarismo, los misiles, todos los instrumentos de muerte, me ponen muy nervioso. Era una cosa que no estaba dispuesto a hacer. Fue por lo que decidí ir al extranjero, y desde entonces me he quedado por acá”.

Una vez en los Estados Unidos, en 1986, continu6 trabajando con la galería Dubose Rein, aunque también empezó a recibir solicitudes y propuestas de otras galerías en diferentes ciudades norteamericanas. Santiago vivía con cierta comodidad en ese país, pero extrañaba el ambiente festivo y vivaz de España: las juergas y el encuentro en los cafés con los amigos. Y refiriéndose a los Estados Unidos, comenta: “Nunca me pude adaptar a su forma de vida”. Un día decidi6 emprender un viaje de turismo a México. Parece ser que los quince días planeados se convirtieron en tres meses, que después se ampliaron a cuatro, y a su regreso al país vecino cayó en cuenta de que se encontraba mejor en México, y que de igual manera podría trabajar aquí y enviar sus pinturas a las galerías. “Como gachupín, en México me sentí como en mi casa. Muy rápidamente hice amigos y me fue fácil integrarme a la vida mexicana. Aunque como pintor, siempre me gusta tener la maleta hecha. No es que pretenda no ser de ningún sitio, pero sí me gusta esa sensación de ser al mismo tiempo universal: de todos lados. Así que me gusta vivir aquí pero siempre mantenerme cercano al resto del mundo. Pienso que el arte se hace mas de la periferia hacia el centro, no del centro a la periferia. Creo que los artistas de hoy, seguro que deben darse una vueltecita por Afganistan. Hoy es muy importante ir a donde pasan las cosas que nos impactan. Pues hay que salir para que al regresar te mires en el espejo y encuentres cosas diferentes en ti. Quien no sale, siempre se ve igual. Para el pintor es importe ante renovarse, encontrarse constantemente frente a diferentes retos, aquellos que te ofrece otra ciudad, otra cultura, Otro ambiente, otra luz. México, además de lo ameno de su gente, ofrece al visitante una traición histórico muy rica. Me llama la atención este pueblo que rinde culto a sus muertos y a sus tradiciones”. EI filósofo Jorge Juanes entrevistó a Carbonell en el 2001, y en su plática, refiriéndose a México, comenta:

“. ..Caminar par sus calles significa para mí reconciliarme can un pasado que se niega a sucumbir y que nos recuerda, en consecuencia, que no nacimos hay”. En México, a mediados de los años ochenta, eran pocos los pintores que trabajaban la pintura figurativa y realista. Entre ellos podríamos citar a Rafael Coronel, Arturo Rivera, y a Rafael Cauduro, que iniciaba su exitosa carrera. AI igual que en Europa, el abstraccionismo dominaba la creación de los artistas, aunado a los seguidores de la corriente fantástica, iniciada par Francisco Toledo. AI poco tiempo de haber llegado a México en 1986, a través de unos amigos, Carbonell estableció contacto con una conocida casa de subastas, en la que sus obras se empezaron a dar a conocer. Estas se vendieron rápidamente. AI poco tiempo, Santiago hizo contacto con don Enrique Beraha, dueño de la Galería Misrachi, con quien presentó una exposici6n individual en 1988. Después de esta exitosa exposición, en la que se logró una gran difusión, todas las obras que Carbonell llevaba a la galería se vendían casi de inmediato. Esto impidió que el artista lograra reunir obra suficiente para presentar nuevas exposiciones individuales. No fue sino hasta 1992 cuando se dió el tiempo para producir la obra que participó en tres importantes muestras que se llevaron a cabo en: la Miami International Art Exhibition, en Florida, en el Museo de Arte Moderno de Querétaro y en la Galería Praxis Internacional, en la ciudad de México. EI éxito que alcanzó su obra en estos lugares, exigi6 la presencia de sus cuadros en la Exhibición Internacional de Miami, en 94, 95, 96, 97, 98 y 99.

¿Fue difícil mantenerte fiel al camino elegido? “Mi obra ha seguido un camino derecho. Soy muy insistente, pues es muy difícil cambiar cuando estas convencido de algo. Pienso que es muy difícil saber lo que quieres sea como quieres sea. Es mas fácil saber lo que no quieres ser. Así que, si tengo diez opciones y elimino siete, porque se que eso no es lo que quiero, es posible que entre esas tres me encuentre en un terreno mas cercano a lo que deseo. Muchos pueden decir que mi pintura es ‘retro’… ‘retrograda’. Algunos guardan esa opinión. Yo busco rescatar aquello que quiere olvidarse, como respuesta ala barbarie actual. Yo estoy convencido de que lo que hago es importe ante, sobre todo importe ante para mi. Si llega a ser importe ante para otras personas, bueno, maravilloso! …Me imagino que así ha de ser, pues en los lugares que expongo, por lo general hay un record de asistencia. Me considero un pintar afortunado de que el publico aprecie mi trabajo”.

Y en este camino de saber lo que no quieres para saber lo que quieres, Carbonell ha elegido no retomar la pintura académica.

Existen en la actualidad otras expresiones que la crítica ha intentado incluir dentro de la plástica, pretendiendo que compitan con la pintura, la escultura y el grabado. Tu, que opinas al respecto? “Bueno, esto me lleva a pensar en la época en que apareci6 el primer daguerrotipo, antecediendo a la fotografía. Se sabe que todos 1os pintores se preocuparon pensando que había llegado el fin para la pintura. ¿Y que fue lo que sucedió? La pintura siguió ocupando su lugar, y la fotografía encontró el suyo. Entonces considero que lo mismo sucederá con el arte alternativo, las nuevas expresiones, como el performance y el arte digital. Que mientras se haga buena pintura, esta estará viva; que mientras eso suceda, nadie la podrá enterrar. Es indebido comparar dos casas totalmente diferentes. Desde mi punto de vista, creo que estas nuevas expresiones no deban desacreditar el bello oficio de la pintura; ellas mismas abrirán su propio camino. También queda muy claro que en este proceso de modernidad, si la pintura va a sobrevivir, tan solo va a sobrevivir la buena pintura.

Así el arte actual abre una puerta en la que va a haber una muy sana depuración, en la que van a sobrevivir los buenos pintores”.

Después de las exposiciones en Miami y en México, la obra de Carbonell viajo a Bélgica para exhibirse en la Feria de Arte Latinoamericano en Bruselas. Un año mas tarde, se expuso en la Galería Praxis Arte Internacional, en Buenos Aires, y en la Casa Lamm, en la ciudad de México. En 1996 lo hizo en la Galería Universitaria de Arte Contemporaneo de Querétaro.

En años subsecuentes, sus cuadros han participado en diferentes taros: en la Feria lberoamericana de Arte, en Caracas, Venezuela; en la Galería Praxis Arte Internacional de Nueva York, de Lima y de México; en el Museo de Arte de Querétaro; en el Museo del Pueblo, en Guanajuato; en la Casa de la Cultura de San Luis Potosí; en el Centro Cultural Universitario de Morelia, yen el Museo Metropolitano de Monterrey, entre otros.

Su obra siempre ha superado sus propias marcas, y es que Carbonell es un pintor inquieto y exigente. “Dominar los materiales es una tarea ardua, pero una vez que logras dominar el cómo, lo difícil se convierte el que. ¿Que sigue?, ¿que pintar? Ese es el gran reto para cualquier pintor”. EI cuerpo ha sido el gran referente de la obra de Carbonell, principalmente para ser receptor de la belleza física y de la del alma. Dice: “EI cuerpo humano presenta al pintor los grandes retos del claroscuro, del color y de las carnaciones. Lo mas difícil de pintar y armonizar es el color carne. Es un color que se impregna; sufre alteraciones sustanciales can los colores que coloques alrededor. Es por ello que tienes que ser muy cuidadoso con esto”.

Algunos pintores norteamericanos, seguidores del pop art, como Lichtenstein, empezaron a proyectar fotografías sobre sus telas para entonces proceder a reproducirlos manualmente en una superficie mas amplia. Esta aplicación se dió a conocer rápidamente, sembrando en los pintores la inquietud acerca de las aplicaciones que la fotografía podría ofrecer a la pintura. Algunos artistas han empleado fotografías como pantallas de fonda, causando un efecto teatral. La pintora mexicana Victoria Montesinos, radicada actual mente en Nueva York, a principios de los arias noventa rindió homenaje a su padre, el director de cine mexicano Fernando Rivero, con una serie de cuadros en los que pudimos apreciar imágenes fotográficas impresas sobre la tela. La pintora, dueña de una extraordinaria técnica, pintó sobre la fotografía un tema complementario, dejando visibles algunas partes de la fotografía con la intención de representar los recuerdos de sus personajes. En el caso de sus pinturas, se trataba de una convivencia entre la pintura y la fotografía. A lo largo de estos años, la inquietud experimental ha llevado a los artistas a seguir descubriendo diferentes maneras de emplear la fotografía en la plástica. Carbonell no se mantuvo ajeno a ello. En el principio de su carrera empleó el fotorrealismo, pero insatisfecho con ella, desechó ese camino porque eliminaba la emotividad creativa en el proceso de componer, y además, le impedía experimentar ese dialogo que ofrece el cuadra en su proceso de ejecución. En su caso, como él lo comenta, el dibujo juega un papel importante. En la actualidad, la fotografía para él participa como una referencia de la que crea una imagen nueva, que es ejecutada con ese gran oficio que caracteriza su trabajo. Y cito nuevamente las palabras de Carbonell, captadas en la entrevista de Jorge Juanes:

“… En cuanto a formas, texturas y procedimientos, mi pintura esta basada y se fundamenta en la historia del arte culto, antes que en las imágenes mediáticas. Cotidianizar la pintura implica, para mí confirmar la pintura de siempre… “

En etapas tempranas de la pintura de Carbonell, nos encontramos con obras que revelan la influencia de Dalí. La fantasía impuesta al realismo acerca su obra al territorio del surrealismo, como es el caso de Cuadra con mujer en sofa, 1991.

Posteriormente, con una diferencia de pocos años, encontramos que su obra se circunscribe al entorno de su estudio, como es el caso de Manuela, 1993, Mujer boceto, 1993, Sinfonía de luz, 1994, Dos mujeres, 1994, y Muchacha dormida, 1995. En estos cuadros, a diferencia de los primeros, el pintar empieza a eliminar elementos; desabigarra el espacio, y la figura se vuelve el tema central, compartiendo el espacio, si

acaso, con un caballete sobre el que se sostiene un boceto de la misma modelo. EI pintar enfatiza el efecto del claroscuro, acentuando la teatralidad y la energía del cuadro. Continuando en el recorrido par su trayectoria, para finales de los años noventa Santiago Carbonell experimenta la necesidad de salir de su estudio para encontrarse con el paisaje. De esta manera, elimina en su pintura los fondos negros para integrar sus figuras al espacio abierto. Esto le obligó a dar otro tratamiento a sus cuadros, En un primer plano se encuentra el personaje, y a partir de este el artista adecua la atmósfera del paisaje, buscando siempre un balance armónico del color. En ese periodo este tema llegó a alentar tanto su trabajo que lo llevó a prescindir de los personajes y a trabajar paisajes puros, completamente deshabitados, sin referencia alguna con un lugar especifico, como ejemplo de este periodo, tenemos: Un poco mas alto, 1996, Figura que se esconde tras el advenimiento de su propia luz, 1998, Arcadia y el tiempo, 1998, Bendito sea tu vientre, 1999, Venus con pincel, 2000. Carbonell se inspiró en el paisaje romántico del siglo XIX, en particular en el de Turner, tan suave, poco estructurado y de dibujo muy ligero, que resulta en un paisaje sutil, apenas sugerido, Adentrándose en las atmósferas desiertas, empezó a trabajar espacios rocosos, sin vegetación, sin vida, que le permitieron una gran experimentación plástica, involucrando texturas con arenas, EI efecto fue grandioso, ya que le permitió combinar su pintura plana con una pintura, como la describe el, “enmarañada”.

Ya en el 2001 Carbonell nos sorprende con cuadros muy actuales, en los que retrata a personajes de nuestro tiempo empleando a fondo una técnica sumamente refinada, Pinta la imagen del personaje a la ultima moda, aquel que lleva al extrema los looks del momento; contrasta con lo tradicional del oficio. La pintura nos obliga a detener la vista en esos personajes de la sociedad moderna que buscan ser vistas pero no observados. La pintura misma nos permite entrar en su silencio, en esa intimidad escondida que a veces nos parece ajena, pero que Santiago manifiesta para acercarnos a ella. En estos cuadros ya alcanzamos a ver que alga nuevo se esta conteniendo y que se volcara par completo en obras posteriores, Es algo que, al ver la obra reciente, podríamos definir como una disección de la emoción humana. Algunos de sus personajes abandonaran la introspección para abrirse frontalmente ante el espectador.

En la pintura de Carbonell cautiva la ejecución, pero al mismo tiempo sorprende su poética, que se advierte en todo aquello que el tiene que decirnos. Sobre ella, comenta: “Es mas difícil tener un lenguaje poético propio que pintar un buen cuadra. Creo que la propia realidad nunca nos dejara de sorprender. Aunque se supone que ya no nos debería sorprender nada. Y bueno, aunque pensemos que la chuleta ya se la comió Leonardo, Miguel Angel y otros mas, y que Oalf y Picasso acabaron con el hueso, bueno, aun hay casas que decir. Lo importante es poder ver a nuestra manera y decir a nuestra manera”.

Saber pintar será el compromiso del pintar; lograr involucrar eso que no es visible entre los colores y las líneas es el gran compromiso del artista. En las diferentes ramas del arte existen creadores virtuosos, pero también existen grandes artistas que, por encima de su oficio, buscan comunicar algo. Es así cómo, en la pintura de Carbonell, además de un buen oficio encontramos esa poética a la que nos referíamos y que encierra dos grandes temas: el misticismo y el amor. El primero involucra la búsqueda de lo trascendental, de lo eterno, de lo infinito, y el segundo se manifiesta como el amor encarnado en el cuerpo. A través de este ultimo, Carbonell va en pos de la seducción de la belleza, del erotismo como media de alcanzar lo eterno, de hacer sentir que hay alga mas allá, algo que sobrepasa las formas y la sensualidad física, rescatando la conciencia del alma. Esta búsqueda de lo trascendental circunscribe a lo grandioso, por eso es que su pintura refleja magnificencia. Indagando en ella, le pregunto: ¿Crees tu que el arte y la filosofía son temas cercanos? “Sí, son muy cercanas. Creo que el primer mago fue el artista. Me imagine que en la época cavernaria el que no fue a cazar, aquel que se quedó en la montaña a ver cómo cazaban los otros, mas tarde regresó a contar a las mujeres y niños cómo había sucedido. Ese fue el primer artista, ese que relató el hecho. Y de allí a convertirse en gurú o en sacerdote, es un paso muy cercano. Entonces arte y religión están sumamente ligados. Y el arte, el amor y el placer también. Una de las primeras venus estatuillas de barro fue una mujer con grandes senos y redondas caderas, toda una diosa del placer. Par eso al paso del tiempo vemos que los pintores seguimos pintando las mismas casas que sorprendieron a aquellos tipos de la cueva”.

Y, como aquel primer mago, Carbonell nos comparte sus nuevas que lo motivan a expresarse con la fuerza de su realismo. “Mi temática, y sobre todo lo que estoy haciendo últimamente, es un viaje a caballo a través de los siglos, de los lugares y de las épocas. He tornado las casas que me interesan de lo que ha sucedido en la historia, de lo que se ha pintado, de lo que se ha dicho, y con ello he realizado una especie de collage atmosférica y poético, en el que reunió a personajes de diferentes .tiempos, provocando una circunstancia que resulta armoniosa. Creo que eso es difícil: meter tantas casas juntas, pero lo he logrado. En mi pintura, yo trato de no pintar mis circunstancias, es decir que pinto circunstancias que no tienen que ver conmigo ni con lo que a mí me sucede. Me llama mas la historia, y de ella hacer reflexiones.

…Algo sí te tengo que decir, que no me torno esto de ser pintor tan en serio. Si yo no pintara, bueno, no le pasaría nada al mundo. Por eso te digo que no me lo tomo tan en serio. A través de los siglos el arte en ocasiones se ha tornado papeles muy serios, porque a través de este, lastimosamente, se han justificado posiciones. Este ha llegado a ser el lenguaje del opresor, del intolerante, de quien quiere imponer sus ideas. Pero, afortunadamente, los artistas se han liberado de ello. De todas maneras, la pintura es suficientemente importante como para desear que no desaparezca”.

¿Podría decirse que cada cuadra contiene un lema diferente, a que es una idea la que provoca una serie de trabajas? “Existe una estructura inicial sobre la cual se desarrolla el cuadro, pero en ocasiones te puedo decir que la misma pintura te llega a sorprender, y una mancha llega a sugerir casas, y bueno, cuando eso sucede, pues las torno, las acepto y las involucra dentro del cuadro.. Eso mismo le pasaba a Rubens. Veía una mancha y de allí podía sacar un gato. Así que un cuadro, aunque este definido anticipadamente, conforme se va pintando va completándose en su definición. Mi pintura es mas de razón que de expresión, y en este proceso casi siempre un cuadro te lleva al otro. Por eso casi siempre deja cerca uno o dos cuadros mias, ya que estos me invitan, me proponen una transformación, y su cercanía me permite sostener vivo lo que ellos están sugiriendo. A Velázquez, como embajador de la corte de Felipe IV, se le encargaba adquirir obra para la colección del rey. Así Velázquez pintaba con un Rubens a un lado. ¿Por que hacer esto? Porque eso te plantea ciertos retos. Y no es que se trate de copiar, sino del cuestionamiento que la misma pintura te plantea”.

¿De dónde surge el titulo de tus cuadros? “Quiero decirte que a mí no me gusta titular los cuadros; considero que es obsceno a la creatividad del espectador. A un cuadra que se abre camino sobre una poética especial, que trae un ritmo propio, le pones un titulo bueno, que le estas poniendo un cartel. Es como si a un paisaje le pones el titulo: Paisaje. Eso te obliga a ver únicamente alga específico, y te encasilla en un esquema de pensamiento. Yo les pongo títulos a mis cuadros únicamente para mantener un registro. Me gusta que mis cuadros estén bien planeados para que no necesiten titulo”.

A finales de 2003, después de dos años de gestación y de una larga estancia en Italia, Carbonell nos sorprende con una exposici6n apoteótica, trascendente, con una pintura a la que acude un despliegue de sentimientos. La Galería Praxis de la ciudad de México presentó esta nueva obra, en la que sus personajes aparecen inmersos en el gran escenario del mundo, confrontados par las pasiones humanas y la sutileza de lo eterno. Un tema de siempre, la dualidad existencial, materia y espíritu, que desde tiempos remotos ha invitado al entendimiento y a la reflexi6n, y que en estas pinturas el artista representa hacienda un engranaje del pasado y del presente. Estos cuadros corren el telón hacia un escenario de gran silencio, en dónde la mirada y los cuerpos hablan, obligándonos a penetrar y compartir el espacio y el tiempo, a convivir con sus personajes: a sentir sus emociones, sus traiciones y sus ofensas. He ahí la fuerza de esta gran pintura, que no permite ser ignorada par la vista y mucho menos por nuestros sentimientos. El espectador abarca el espacio inmediato y a la vez el gran paisaje que surge detrás de muros y columnas, en donde habitan la obscenidad, la concupiscencia, el amor, la guerra, la ironía, la gran tragedia humana representada espléndidamente por una mano diestra y una sensibilidad exaltada.

La aparente falta de espacio y de tiempo que confronta al mundo moderno, amenaza nuestra esperanza de poder sonar, de concebir nuestras propias ilusiones, de detenernos a reflexionar. EI tiempo presente, exigente de respuestas inmediatas, de decisiones al vuelo, transcurre atropellándonos, imponiéndonos un ritmo que pareciera incontrolable. Aunque de mucho nos serviría conocer las reglas de este universo, eso no hace falta para adentrarnos en estas maravillosas pinturas, en las que Santiago Carbonell ha retado y sometido bajo sus dominios a la materia, la energía, el espacio y el tiempo. Sus cuadros son atemporales: el tiempo es hoy o ayer; el espacio se ubica en cualquier lugar. Y la emoción fluye, dejando su huella en miradas y sentimientos. Así, al mirarlos, salimos de nuestro ritmo agitado para adentrarnos en otro: enigmático, erótico, crudo y hasta cruel. Su narrativa, como la de 1os buenos textos, ha dejado fluir a los personajes mas rebuscados, y no obstante su complejidad, cada uno guarda congruencia con su papel y su momento. Esta pintura nos permite respirar en el tiempo y experimentar el espacio, y recorrer con la mirada cada capitulo de esta obra literaria y filosófica que se despliega ante nuestra imaginación. Definitivamente, como Santiago calificó al tipo de la cueva, nos encontramos ante uno de los mejores “magos” de nuestro tiempo, y sin duda alguna, también ante un pincel ejemplar.

“Si de algo sirve la pintura es para hacernos pensar, para hacernos hervir el cerebro y el sentimiento para llegar a nuestras propias conclusiones”.