Bitácora de viaje

Publicaciones Por on octubre 16, 2012 en Textos y entrevistas | 0 comentarios

Entrevista a Santiago Carbonell por Roberto González

¿En qué parte del viaje se encuentra Carbonell con cincuenta años de edad y treinta y dos de trayectoria artística? En aquel lugar gracioso donde eres joven para los viejos y viejo para los jóvenes. En la cuesta debajo de la cuesta arriba. Más cerca de la certeza del camino sin retorno, de la esquina donde no ya el arrepentimiento; de la sonrisa con patas de gallo  y la sonrisa sin dientes. Más cerca de allí que de aquí. Y con respecto a la trayectoria: pensando si todo valió la pena.

¿Por qué de la belleza al desencanto? ¿Qué te queda después de haber bebido en el vaso de Venus? Mirar en la copa de oro y ver que está vacía. El oro como la belleza no es más que el terrible contenedor de la verdad. Normalmente la verdad es cruda y dura. No es apta para todos. Sólo el desencanto de la zorra saqueadora de uvas que se aleja con el rabo entre las patas, después de haber deseado todo, se aleja con las manos vacías.

De las noches de silencio en Querétaro a las noches estrelladas en el desierto de Túnez. ¿En dónde dialogan? Las noches son mundos de ensueño y pesadilla que cargamos en grandes fardos en la espalda. Las llevamos siempre a cuestas allí donde vamos y pretendemos liberarnos en sueños de alcohol y opio. Nos persiguen como el horizonte huidizo que cuanto más  nos acercamos se fuga al más allá. Siempre dialogan las noches, pero los hombres sólo dialogan con los hombres, jamás con las estrellas.

¿Cómo haces para mudarte de la belleza de la joven de San Patersburgo al gigante de la India?¿Qué harías si estuvieras sentado en un elegante bar de la PrespectivaNewski en San Petersburgo, y vieras aparecer un gigante hindú de Mandawa, vestido con un tosco sayal de algodón, con sandalias y toda la tristeza del mundo en sus ojos preguntándote por qué  nunca se pone el sol? ¿Qué harías si una tarde rosa dorada, en la vía férrea de Jaipur a Dehli, apareciera el tren alado con banderas rojas de Trotski, a la velocidad inquietante de las largas piernas de la adolescente modelo rusa, que te vende su noche anoréxica de besos? Loa compraría a los dos.

Te identifico con un viajero en el camino, al estilo Keruac. ¿Cómo es tu viaje? Ni mi camino es tan largo, ni mi acelerador tan intenso, ni el motor tan fuerte. Mi camino se parece más a un devenir, hacer muchas cosas sin querer. Suena más a río manso con tiburones que a brioso riachuelo repleto de truchas. Es el dejarse llevar, el viaje a donde sea.

¿En el presente o en el pasado? ¿En dónde  se viaja mejor? Se viaja más cómodo en el pasado porque conoces lo que ya pasó, es un seguro franco de accidentes; pero el presente es caminar al filo de la navaja, es la diversión en la bosa y el miedo en la cara. Prefiero el presente, el pasado se le ve bien dentro de su caja.

¿Tu tiempo actual es de amor o de cólera? De ninguna y de las dos a la vez. Colérico de no amar más.

¿Optimismo o pesimismo? Los optimistas me parecen risueños rosados, ingenuos, vestidos para el día de feria. Donde comen dulces y sonríen al son de la ruleta, engordan en la siesta y los atardeceres les recuerdan a Dios, mientras te miran con cara de yo no fui. Los pesimistas tienen mal aliento, las flores a su paso se marchitan, visten de negro, van a la cárcel, y a todo le dicen que sí queriendo decir que no. Los pesimistas vacían el vaso de los optimistas y no nos dejan nada si para ti ni para mí.

¿Querétaro es para siempre o sólo una escala en el viaje? Creo que nada es para siempre. Sólo pensar en algo eterno me suena a tumba y aburrimiento. Por favor que alguien construya nuevas ciudades y nuevos paisajes.

Charli García dice: “No voy en tren, voy en avión”: ¿Tú, en que vas? Creo sinceramente haberme subido a un cohete alguna vez, ir a mil por hora surcando el cielo. Pero hoy que vuelo más bajo, debo ir más despacio, no se me vaya a cruzar una montaña.

Afirmaban los Beats que todo lo que puede poseer un hombre cabe en una mochila. ¿Tú, que guardas en tu maleta? Una camisa negra, un libro en blanco para ver si escribo algo; coloreados calzoncillos, unos pantalones rojos para asustar diablos y fascista. Mis calcetines a rayas de la buena suerte. Un condón para los rumores, un habano para el mal de ojo, un pincel del número uno para la cerilla de la oreja y unos tubos de puntura por si acaso se me ocurre pintar algo. Ah, me olvidaba… agua bendita de Lourdes para pintar paisajes en acuarela, es cojonuda… pura nube.

¿Cómo viajero, cuál es tu brújula? Siempre recto…a pesar de las curvas. Hacia abajo y a la izquierda ¿En dónde habré oído yo esto?

¿Cuál es tu luz, la del desierto de Atacama, la del desierto del Sagel o la de Matehuala? Como los sueños y la noche, la llevas cargando. Mi luz es la de mis ojos cuando tenía diez años y recibía al santísimo con cara de cordero ahorcado.

No, me refiero a tu luz como pintor…

Bueno, esa es la luz que me enseñó Raphael Sanzio, mirando desde un ventanuco, en la Signoria de Firenze, cómo los peces de Arno se comían la mierda de los viajantes que cruzaban a través del Ponte Vechio, en las tardes de invierno, allá por el mil quinientos y algo.

¿Qué belleza encuentras en la naturaleza? Siempre hay belleza en la naturaleza, en su acto más brutal es sublime. El tsunami es sublime, así como el terremoto o el cataclismo. Pone al hombre en su verdadera condición y eso es bello. Ahora puedo imaginar los versos de Nerón viendo Roma arder.

¿Primera clase o turista? En primera bebes gratis. En turista a pesar d la incomodidad siempre puedes conocer a alguien como tú o como yo, un simple mortal muerto de miedo a diez mil metros de altura.

ENTREVISTA

Fragmento de la entrevista realizada por Andrea Avendaño Macedo a Santiago Carbonell en Zinacantán, Chiapas, al calor de unos tragos de Poch.

A.A.- Siendo un pintor maduro. ¿Qué queda del joven pintor?

S.C.- En realidad no sé si queda algo. Un puñado de recuerdos. Una tierna adolescencia, llena de ilusiones. De ideales, creyendo que en el arte había algo de trascendental. La sensación de tener algo entre las manos capaz de transformar el mundo. Hoy queda un saborcillo amargo de no haber hecho lo que debía, a lo que no sabía. Me siento como una nave espacial que surca el espacio  con tan sólo el eco de su impulso inicial. Puede que con los años, que no son tantos, pero eternos, todo se oxide en el desencanto.

A.A.- Hay quienes le encuentran algún sentido a tu trabajo ¿tu se lo encuentras?

S.C.- ¿Acaso alguna vez ha tenido sentido el sentido? o ¿algún valor tiene? Creo que la búsqueda del sentido de nuestras propias vidas no es más que un paliativo a nuestra propia pequeñez, invalidez y miseria. Cada día nacen millones de personas que vivirán y morirán en el dolor y en el sufrimiento. Algunos obtusos dicen que sí, que eso tiene sentido. Para mí no.

S.C.- En mi trabajo me siento más como un autómata que realiza su quehacer esperando que doblen las campanas.

A.A.- ¿A qué campanas te refieres?

S.C.- Obviamente a las del Hemingway. A las que doblaran también por ti.

A.A.- Creí que te referías a las campanas del poeta metafísico John Donne, y que Ernest Hemingway puso como epígrafe en una de sus novelas.

A.A.- Pero bueno, entonces ¿para qué lo haces?, ¿para quién pintas?

S.C.- Cuando era joven te hubiera dicho que para los demás, poco después te hubiera contestado que para el arte mismo, ayer que para mí, y hoy realmente te digo que no lo sé. Lo que sé, es que siempre he mentido.

A.A.- Tu pintura huele a transcendental, ¿qué hay de eso?

S.C.- Lo trascendental no es más que una cosa que logra “estar” o permanecer más en el tiempo. Cuanto más pequeños y efímeros somos, más cosas trascendentales  encontramos, descubrimos o mejor dicho inventamos. Si la obra me sobre vive es más trascendental  que yo. Lo cual aunque es una tontería no deja de ser gracioso. Una silueta abandonada en un colchón. A eso huele mi pintura.

A.A.- Entonces. ¿con qué te quedas con la obra o el artista?

S.C.- No me gusta ninguna de las dos, pero puestos a elegir sin lugar a dudas con la obra. Tan solo la palabra artista me huele a rancio, aburrido y fascista. O todos lo somos o no hay ninguno. Pero me quedo con la obra, porque imaginemos la resurrección de Rembrandt  o Velázquez, estoy seguro que nos explicarían su obra de muy diferente forma a como la entendemos hoy, sus motivaciones y sus expectativas. Nos confundirían, a ahogarían su arte su arte en palabras. Serían tal vez prepotentes y petulantes, cuando no convenencieros y mentirosos. Los meteríamos de vuelta en el ataúd en segundos. En cambio la obra tiene su propia vida tan única y diversa como la de su creador. No me acuerdo quien decía, los pintores cuando más tontos y callados mejor. No andaba mal el hombre.

A.A.-¿El arte es o está? Y si está ¿en dónde?

S.C.- Ni se quiera tengo claro que el arte como tal exista. Existen cosas, objetos, que para nuestra pequeñez de cerebro las tenemos que clasificar, o valorar, o estimar, porque si no. No tendríamos aprecio por nada, lo cual  no estaría nada mal. Como espejo de nuestra sociedad tenemos ciertas tendencias a dividir todo en rico o pobre, hermoso o feo, caro o barato, inteligente o tonto etcétera. El arte no es más que el rasero con que se mide la actualidad. Pero nunca es el mismo ni lo detenta la misma gente ni la misma cultura. Es mutable como las partículas cuánticas, lo cual me augura que se encuentra en todo sitio.

A.A.- Hay artistas que se están “apropiando” de las grandes obras, incluso de las tuyas. ¿Qué les dirías al respecto?

S.C.- Que lo sigan haciendo. Es maravilloso, además de más barato, requiere menos esfuerzo y, menos buscar y más encontrar. Además que hay miles de ellas por doquier, sobre todo el Internet, y si te equivocas le puedes echar la culpa al otro. Inclusive me parece genial que algunos “artista” ni siquiera realicen sus obras, ¿para qué? Siempre habrá alguno que por unos cuantos mangos haga el trabajo sucio por ti. Ahí tienes a Damien Hist por ejemplo.

A.A.- Siempre has sido un pintor de la carne en reposo o erotizada. ¿Cómo explicas tus nuevos personajes, en donde tu iconografía ya no es tan carnal?

S.C.- Lo que siempre he sido, es lo que no quería ser. Siempre fui un hombre con el si fácil. Si pinté lo que pinté, casi siempre fue con un poquito de “sin querer”. No me exculpo. Estas nuevas cosas parten del aburrimiento que me causa pintar siempre bien y bonito. Digamos que últimamente soy un pintor un poco mas salido del estudio y mas metido en la calle.

A.A.- ¿hay quien dice que eres el Messi de la pintura?

S.C.- Probablemente el que lo dice no sabe ni de futbol ni de pintura. Messi es un hombre fuerte, aunque bajito, de talento, pensamiento ágil, y que puede con un genialidad cambiar el curso de un partido, en cambio yo con treinta años de trabajo encima apenas he podido cambiar el curso de mi forma de comer y beber.

A.A.- Contesta estos doce conceptos

S.C.- Si dímelos:

Guerra: La forma más cruel de acelerar el fin.

Política: La lucha por el poder, y cuando digo lucha, es la lucha de verdad.

Dios: El chiste más largo y complicado y sin gracia de la historia de la humanidad.

Amor: El mecanismo más hermoso de sobrevivencia.

Muerte: Pregúntale a un mexicano.

Universo: Algo tan inmensamente grande que cabe en una idea.

Vida: Proceso en el cual los aminoácidos…, el soplo divino, el mal aliento de dios.

Hombre: Lo mismo que las mujeres pero más bestia.

Mujeres: Lo mismo que los hombres pero en fino. Las madres de los hombres.

Felicidad: Como alguien dijo “el patrimonio  de los tontos”

Éxito: Hacer que los demás te envidien para así poder sentirse superior. Me imagino que también debe ser un éxito ligarte a Scartlett Johansson a la salida del dentista.

Dinero: La esclavitud. La única forma de liberarte de él, es o tener todo, o no tener absolutamente nada…